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Lunes, Abril 21st, 2008El zumbido insistente y repetitivo del móvil hizo que Braulio abandonara los brazos de Morfeo a las seis y poco de la mañana. Encendió la luz de la mesita sin tener muy claro si estaba todavía soñando o no, y miró la hora con sus ojos somnolientos. Dejó a un lado la duda, y se levantó rápidamente, no quería que la pereza asaltara su entumecido cuerpo y le mantuviera más tiempo en la cama del hotel. Estaba sorprendido de cómo había cambiado su plan de vacaciones. Sólo hacía un par de días que había probado los besos de una mujer de mirada melancólica e infinita dulzura…
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