Vigilancia Preventiva
Desde las tres de la madrugada que estaban embutidos en el coche patrulla cuando la puerta acristalada correspondiente al número nueve de la calle Delibes se abrió. Diego, con los ojos amusgados, observó a la señora Olga en el umbral de la puerta y propinó un codazo a su compañero para sacarlo de su duermevela.
–¡Cuidado hombre! –Protestó Labranza, abriendo los ojos enrojecidos por el sueño.
–¡Nuestra princesa! ¡A por ella! –Ordenó tajantemente Diego, saliendo del coche y estirando las piernas para desentumecerlas…
